El desierto es un ecosistema árido con escasas precipitaciones y temperaturas extremas. La falta de humedad obliga a las plantas y animales a desarrollar estrategias únicas de supervivencia. Las dunas de arena, las rocas y los suelos secos dominan el paisaje, creando una belleza inhóspita pero fascinante.
La vegetación es escasa, predominando cactus y arbustos adaptados a la sequía. Muchas plantas tienen raíces profundas o tallos carnosos que almacenan agua durante largos periodos. Las hojas reducidas o cubiertas de cera ayudan a minimizar la pérdida de humedad bajo el intenso sol del desierto.
Los animales desarrollan estrategias para conservar agua y resistir el calor intenso. Algunos, como los reptiles, son de sangre fría y aprovechan el calor del suelo, mientras que otros, como los roedores, son nocturnos y se refugian en madrigueras frescas durante el día.